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lunes, 6 de mayo de 2019

La FOTO del Martes: SILENCIO


Yo que crecí dentro de un árbol
tendría mucho que decir,
pero aprendí tanto silencio
que tengo mucho que callar
y eso se conoce creciendo
sin otro goce que crecer,
sin más pasión que la substancia,
sin más acción que la inocencia,
y por dentro el tiempo dorado
hasta que la altura lo llama
para convertirlo en naranja.

Pablo Neruda

jueves, 1 de diciembre de 2016

Post del Viernes: ¿A qué suena el SILENCIO?

Nunca lo había escuchado tan intenso y desde que llegué a New Zelanda es una de las cosas que más me está impactando diariamente: el SILENCIO. 
Parece que viva en las montañas que me rodean, en las casas vecinas, en los caminos que recorro corriendo o caminando. Todo está en silencio, todo el mundo lo respeta, está dentro de las cosas, se hace dueño y las inunda. Todo es SILENCIO.
El canto de los pájaros me despiertan cada día a las 5.00am, después callan, vuelve el SILENCIO. Salgo al exterior y una helada brisa toca mi cara en SILENCIO..Tomo una taza de café mientras estudio y sólo el golpeo de la lluvia caprichosa de Primavera contra el techo y los cristales me recuerda que no estoy sola porque todo sigue en SILENCIO. Me esfuerzo para escuchar más sonidos y únicamente oigo las ramas de los árboles que se mueven al ritmo que se despierta el día, pero sólo eso, sólo SILENCIO. Ahora ya no me molesta ni me asusta como lo hacía los primeros días de estar aquí porque me acompaña, me respeta, hasta se atreve a exigirme.

Camino hacia la escuela en SILENCIO, oigo algún coche, alguna voz pero parece que pueda observar el SILENCIO en los animales que se me cruzan y me dan los buenos días, en las plantas que se mueven siguiendo el ritmo que impone el viento, en las caras de la gente con la que me cruzo cada día, en sus suaves voces, en los ruidos que hacen al moverse, en sus pasos. También observo el SILENCIO en el verde intenso de los prados, en la intensidad de la multitud de colores de las plantas, en las amenazadoras nubes en el cielo encapotado, en la nieve en las cumbres de las montañas.No corro, no me asusto únicamente escucho y me gusta mucho la sensación que vivo,  porque la disfruto intensamente.

¿Irónico? Parece que me habla el SILENCIO del viento, de una mirada, de un suspiro, de una sonrisa...pero en SILENCIO, sin agredirme, sin invadirme. Todo me habla porque yo lo escucho, porque quiero hacerlo. Quiero seguir escuchándolo, sin prisas, sin esperar nada a cambio, dejándome sorprender...porque es sólo eso: SILENCIO.

jueves, 9 de junio de 2016

Post del Viernes: Esto es CORRER: Sin rumbo ni GPS

No llevo el GPS del reloj activado y ahora pienso porqué me lo he acabado poniendo . Ayer me olvidé de cargarlo. Esta mañana, mientras me vestía, ni me he dado cuenta. Los gestos inconscientes de primera hora de la mañana se apoderan de mi cansada mente y me convierten en una autómata. Hoy viernes no importa.
Salgo a la calle, me pongo la radio pero pocos metros después me la quito, hoy me molesta. Me impresiona la luz que hay siendo tan temprano y me anima a correr, estar corriendo tantos meses sin luz solar y en total oscuridad pasa factura y te lleva a valorar más estos pequeños detalles.
Quiero llegar hasta donde me he propuesto, el objetivo está claro y mi propósito también. Siento mi cuerpo rígido. No me gusta sentirme así y por eso intento relajarme. Hablo con mi mente: hago esto porque me gusta, sólo por eso.
Nos fijamos una y otra vez objetivos pero en días como hoy pesan. Lo hacemos para crecer, para evolucionar y vivir nuevas experiencias. La  transformación que vivimos al hacerlo no sólo es una faceta de los resultados que se obtienen sino también de la percepción que se tiene de ellos. Si los objetivos nos agobian y superan está claro que no están bien formulados.
Hoy me quedo con haber salido  y conseguir disfrutar. Si en 10 minutos no empiezo a hacerlo, vuelvo para casa.
El cuerpo empieza a despertarse y  me obligo a cambiar de ruta y de ritmo programados. Empiezo a sentir que las piernas están algo más ligeras. Me siento mejor y mi mente empieza a sonreír. Comienzo a subir una cuesta lentamente, sin prisas, sin rumbo, sin GPS; cuando llegue arriba decidiré por donde seguir. Hoy toca no controlar, no presionarme y esto me hace sentir más cómoda y distendida
Siento que así podría definir qué es correr: sentirse libre, sentirse bien. Porque esto es también la vida: sentirse libre, sentirse bien...


Feliz fin de semana RELAJADO a tod@s!

jueves, 2 de junio de 2016

Post del Viernes: COMUNICACIÓN, MENTIRAS Y OTRAS VERDADES...

La comunicación es un proceso de intercambio de información. La palabra comunicación deriva del latín “communicare” y significa compartir algo, poner en común. Es un fenómeno inherente a la relación que los seres vivos mantienen unos con los otros.  Sin ella no habría intercambio y sin reciprocidad la vida humana sería un periodo vacío y carente de sentido. Necesitamos poner en común con los demás nuestros sentimientos, conocimientos y experiencias y esta comunicación crea el mundo donde vivimos. Comunicamos por muchos motivos: para demostrar, discutir y argumentar, también para colaborar y explorar. Comunicamos con las palabras y con el lenguaje no verbal (curiosamente es este el que contiene mayor información sobre la mentira (Vrij, 2010)). Transmitimos con los gestos, con un abrazo o llorando juntos, y así la comunicación es posible y adquiere significado. Es necesario e imprescindible que el receptor posea la habilidad para descodificar el mensaje y así poderlo interpretar.

Las palabras nos acercan a los demás pero en ocasiones estas salen de nuestras bocas de forma enmascarada, sin ser realmente verdad. Mentimos con ellas pero esperamos que los demás no hagan lo mismo porque siempre deseamos que nos digan lo que es real o que se cumplan las promesas que recibimos. En la comunicación humana la mentira juega un papel activo y en ella se produce una mezcla continua entre ella y la verdad. Las palabras nos ayudan a describir lo que hay y sucede a nuestro alrededor. Pero ¿son las palabras las que nos ayudan a describir la realidad o son la responsable de  crearla?

El silencio también comunica y en él adquieren sentido muchas palabras. El silencio marca el principio y el final de una conversación, nos permiten recoger información, asimilarla, elaborarla y transmitirla. El silencio puede otorgarnos poder o quitárnoslo. Como Lacordaire afirmaba: “Después de la palabra, el silencio es el segundo poder del mundo”. Existen muchos tipos de silencios: silencios espeluznantes, silencios acogedores, silencios esperanzadores, silencios llenos y silencios vacíos. Sin silencio la comunicación no sería posible.

Otro aspecto esencial en la comunicación es la capacidad de escuchar. Es una habilidad difícil de dominar, desarrollar y hasta de encontrarla en el tipo de sociedad donde habitamos. Quien la posee dispone de una gran inteligencia emocional. La escucha se convierte es una parte fundamental del intercambio porque escuchar a los demás nos hace personas más compasivas y más amables. Nos permite intuir qué quiere la vida y los demás de nosotros.

No podemos obviar que en la comunicación aparece la mentira. La mentira forma parte en la formación y consolidación de las comunidades. Como afirma González (2006) la mentira considerada como una función humana se vislumbra desde la prehistoria. La falsedad y la mentira salpican nuestra historia y está presente en momentos que han marcado el transcurso de la humanidad. Podemos afirmar que nuestra historia miente. Pero ¿es innata en la comunicación y vida del ser humano? ¿Por qué el ser humano tiene necesidad de mentir? ¿Vivíamos antes en un mundo más honesto y confiado como afirmaba Minogue? ¿A alguien le gusta que le mientan? ¿Por qué mentimos más unos que otros? ¿Podemos justificar la mentira? Preguntas difíciles de responder en una sociedad que lleva al ser humano a utilizar la mentira y el engaño para integrarse en ella asumiendo la responsabilidad personal pertinente.

Los motivos de la utilización de esta mentira y del engaño podrían estar relacionados y ser producto por una parte de la interacción continua con el medio y por otra ser intrínseco del individuo; llegando a la conclusión que ambas cuestiones se complementan y se amplían una a la otra.
Las personas, como decía Bullock (2007) prefieren que los demás no digan nada a que les mientan. A nadie le gusta recibirlas pero una cuestión es recibir una mentira y otra muy diferente sentirse engañado.

La mentira y el engaño forman parte de las relaciones humanas pero mentir y engañar no significan lo mismo. La Real Academia Española de la Lengua describe el mentir como decir o manifestar lo contrario a lo que se sabe, se cree o se piensa y engañar el dar a la mentira apariencia de verdad o inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras y de obras aparentes o fingidas. Mientras que la mentira se refiere al contenido del mensaje y puede estar asociada a la violencia, la infidelidad, etc., el engaño implica una intencionalidad del emisor.

En toda nuestra vida, las relaciones que establecemos con los demás giran entorno a la confianza o desconfianza que depositamos en estas y en nosotros mismos. Sin confianza no podríamos vivir ni relacionarnos: no podría darse la solidez en una pareja, la unión en un grupo de amigos o la consecución de objetivos comunes en las organizaciones.

Preferimos recibir una mentira y no darnos cuenta que nos engañan, especialmente por alguien cercano y del que tenemos estima y aprecio pero también evitamos ser perjudicados por ello. Como afirmaba Nietzsche “los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño”.  Nos esforzamos en pensar que los que nos rodean y, especialmente a los que apreciamos o admiramos, nos dicen siempre la verdad. El valor de la confianza es indispensable en la convivencia humana para que esta pueda basarse en los valores del respeto, la estima y la ayuda mutua. Una sociedad que confía en los demás es una sociedad que se apoya, que no finge y es honrada, que acoge y se anima a avanzar. La confianza proporciona al individuo seguridad, bienestar, alegría e ilusión, hace a las personas más valientes y fuertes, más reflexivas y libres pudiendo establecer así lazos sólidos de reciprocidad y lealtad con los demás.

En la comunicación siempre aparece un porcentaje de posibilidad de que emerja la mentira. Esto puede convertirse en una costumbre o en algo muy cotidiano. Es oportuno constatar la aceptación de la mentira en la vida social ya que en ocasiones se convierte en algo necesario y justificable para el bien común. Pero ¿debemos convertirnos en personas mentirosas y desconfiadas? ¿Debemos tolerar un tipo de mentiras más que otras? Preguntas complicadas también de responder.

No todas las mentiras son iguales. Hay mentiras breves, otras extensas, hay mentiras intensas, malas y punzantes otras son más superfluas. Las descubrimos en las noticias de la prensa escrita, en las conversaciones que establecemos diariamente; las escuchamos en la radio mientras volvemos a casa y cuando encendemos el televisor. La necesidad de querer informar rápidamente, la inmediatez que impera en todo tipo de comunicación actualmente provoca que muchas veces se deforme la información y se usen datos erróneos para ganar protagonismo o diferenciarse de los demás. Esta inmediatez crea en ocasiones falsas o erróneas informaciones en su difusión. Igual sucede en Facebook, Twitter o en otras redes sociales donde se busca el impacto y la empatía con los destinatarios y usuarios de la red.

No todas las mentiras nos afectan igual. Según Sullivan (2013) hay mentiras más tolerables que otras. Para que estas lo sean deben ser ingeniosas o divertidas, con consecuencias leves y sin que nos ofendan, en cierto punto inofensivas o que sus motivos no perjudiquen a nadie. Deben ser pronunciadas por un ser simpático, que sea una persona débil y no tenga otra forma de enfrentarse al injusto poderoso.

Pero ¿por qué el ser humano miente? El hombre miente por motivos diversos: por necesidad, para obtener beneficio, por conveniencia, para evitar conflictos, por costumbre, para protegerse o salvaguardar ante los demás una determinada visión de las cosas. Se miente para no sentirse excluido, por reproche, para ser más atractivo o inteligente, para llamar la atención, para culpar a otra persona o para no asumir responsabilidades. Somos mentirosos por naturaleza ya que somos hasta capaces de mentirnos a nosotros mismos. Pero no siempre las connotaciones de la mentira son perjudiciales, también se miente por razones que pueden ser positivas. Se puede mentir para dar una sorpresa, para ayudar, para alegrar y hacer más felices a los demás, para no frustrar ilusiones o iniciativas, para no herir o proteger la intimidad delante de desconocidos o dentro un grupo, etc.

Decir mentiras de forma continua y condicionada ¿nos permite ser lo que realmente somos? La mentira, según Rafael Benítez, cumple no sólo la función de ocultar la verdad, sino también la de ofrecer una impresión favorable ante los otros de nosotros mismos. Esto nos ayuda a adquirir poder, seguridad y protección y evitar la vergüenza pública y valoración negativa de los demás.
¿A qué tenemos miedo? ¿A asumir las consecuencias de la verdad? ¿A conocernos mejor, a compartir los que pensamos o sentimos con temor a no ser entendidos y acogidos? ¿a ser nosotros mismos? Según Ekman y Sullivan(1991): “El miedo a las consecuencias de que la verdad se sepa se une al miedo a ser descubierto mintiendo y al mayor o menor sentimiento de culpa por mentir”.

Nos empeñamos una y otra vez a proteger ante los demás una determinada imagen que pensamos que los demás tienen de nosotros para que nos consideren más inteligentes, poderosos o atractivos. Habitualmente aceptamos valores e ideas sin discutirlas, sin reflexionarlas, sin replantearnos si son ciertas o no porque necesitamos que encajen en lo que creemos o nos gustaría que fuese la realidad. El autoengaño nos distancia de la realidad y nos invita a evadirnos de nuestras responsabilidades.

Nos esforzamos a vivir en un mundo estable y seguro que en realidad no existe para que nos acepten sin reproches ni discusiones. Es necesario conocer cuáles son nuestras emociones y sentimientos, descubrir qué es lo que realmente nos hace feliz, asumir nuevos retos, dejando de ser lo que realmente no somos siendo capaces de defender nuestras ideas para abandonar la necesidad de utilizar la mentira como vehículo de aceptación. Este crecimiento personal nos aleja de la mentira y la exageración.

¿Es posible encontrar a una persona que no mienta nunca? ¿La sociedad resistiría la inexistencia de la mentira? Si fuera así sería quizás una sociedad con seres carentes de imaginación, rígidos y con dificultades para establecer vínculos emocionales y relaciones fluidas y correctas con otras personas. O quizás no, tal vez todo sería más sencillo, no existirían los rumores, ni los cotilleos ni los bulos y no se produciría en ningún caso una distorsión de la realidad.

La mentira hace acto de presencia en todos los ámbitos de la sociedad, habiéndose apoderado de algunos de ellos. En ella el doble mensaje está latente en cada relación. Ha transformado y animado a muchos hombres a actuar, siguiendo impulsos primitivos, para satisfacer así sus necesidades e intereses por encima de las del grupo. Si observamos a nuestro alrededor podemos afirmar que mienten los políticos, los publicistas, los profesores, los vendedores, los abogados, los carniceros; en definitivamente todo el mundo. El que miente se esfuerza por retener, ocultar información o proporcionar información falsa intencionadamente. En ocasiones también es capaz de presentar información falsa para engañar.

¿Y qué hacer para mejorar esta situación? ¿Es posible impulsar la veracidad en la sociedad actual? La esperanza de que la sociedad puede cambiar y el trabajar por ello debe convertirse en el gran reto que los educadores y profesores deben querer alcanzar con su trabajo diario. ¿Cómo hacerlo?

-        Animemos a nuestros alumnos a huir de la mentira. La sociedad no debe tolerar al que miente únicamente en su beneficio.

-       Trasmitamos diariamente palabras de ánimo y de seguridad utilizando expresiones que difundan confianza para que se sientan aceptados y que no piensen que si no son ellos mismos crearán decepción o malestar en los demás.

-       Enseñemos a persuadir pero no a mentir. La persuasión sin coacción nos permitirá intercambiar pensamientos y opiniones sobre creencias y formas de vida.

-       Argumentemos la importancia que adquiere poder mantener nuestra palabra, actuando y viviendo con integridad, compromiso y consistencia.

-       Comprometámosnos con la verdad y la realidad, aquí está la clave para que la mentira acabe extinguiéndose o reduciéndose.

-       Asumamos que el mundo no es un lugar estable y comprensible al 100% porque así dejaremos de poner toda nuestra energía en intentar interpretarlo o explicar bajo nuestro punto de vista y empezaremos a entender, asumir y gozar más de la vida.

Muy buen fin de semana VERDADERO a tod@s!


lunes, 21 de diciembre de 2015

New Post: LISTA Nº 12 (ejercicio de introspección): Silencios que tocan el alma o la ensombrecen

Me gusta el silencio. Creo que siempre me ha gustado. Nunca me ha importado estar sola y estar en silencio. Cuando era más joven, y por algunas de las decisiones que tomé en mi vida, me tocó "practicarlo" y me hice amiga de él. 
Creo que el silencio asusta a algunos, yo lo necesito, me da tranquilidad y me serena. Cuando lo descubres y te haces amiga de él, el silencio también te habla, te escucha, te indica por donde tienes que ir, hasta donde te hace compañía.
Es verdad que  hay silencios que incomodan, que son capaces de bloquear una situación y hacer que algo parezca interminable. ¿Te has fijado? La gente tiende a llenar el silencio con palabras vacías de sentido, ruidos o música.
Creo que saber estar en silencio es un arte.  Un proverbio hindú explica: "Cuando hables procura que tus palabras sean mejores que el silencio". Enamorarse del silencio, un gran paso para conocerse mejor.

A mi me gusta el silencio cuando...
- Escribo
- Llego a casa tras un largo día con mis alumnos.
- Tras una reunión intensa que necesita el proceso de la información.
- Estudio o leo (especialmente en otro idioma).
- Corro a primera hora de la mañana.
- Camino por la montaña.
- Nado en la piscina.
- Leo el periódico o el menú de un restaurante.
- Asciendo por montañas nevadas.
- Veo una película o obra de teatro.
- Intento descifrar la solución de un problema.
- Observo un cuadro y me dejo llevar por lo que me transmite.
- Camino por las calles solitarias de un pequeño pueblo o ciudad.
- Entro y me siento en una Iglesia.
- Me acerco a una persona que llora.
- Oigo tocar música o cantar en directo.
- Espero una noticia que siento que será importante en mi vida.
- Abro una carta o un e-mail.
- Visito un hospital o una residencia de abuelos.
- Después de un beso o un abrazo.
- Miro por la ventana.
- Veo las hojas de los árboles caer.
- Llueve
- Necesito descansar y dormir.
- Disfruto de un espectáculo de danza.
- Veo a mis sobrinos dormir o reir.

Silencios que me incomodan cuando...
- Después de una intervención de algún participante en una reunión que no obtiene respuesta.
- Hay gritos o tonos de voz elevados que acaban en un espacio silencioso.
- Cuando esperas una respuesta a una pregunta que crees vital para ti.
- Cuando sabes que la respuesta será negativa.
- El silencio después de una fuerte discusión.
- La falta de tema cuando se ha iniciado una conversación.
- Los momentos previos a un aterrizaje.
- Hay una despedida que no se desea en la vía de un tren o en el aeropuerto
- Esperas en la puerta del doctor.
- Hablas con alguien por teléfono y no sabes qué decir.
- Cuando de repente todo el mundo calla al mismo tiempo.

El silencio es el elemento en el que se forman las cosas grandes
Thomas Carlyle