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jueves, 4 de mayo de 2017

Post del Viernes: ¿Cuándo empiezas a ser VIEJO? (8 meses en New Zealand)

Recuerdo sus manos sobre las mías. Me las calentaba cuando llegaba a casa después del instituto deseosa de volverla a ver. Anhelo sus besos, su mirada y sus imperiosas ganas de aprender. Una aprendiz de más de 90 años que había tenido una vida difícil soportando una guerra que nadie entendió, la falta de posibilidades económicas para atender a sus hijos como ella hubiese deseado y la muerte de un joven marido e hijo. Pero su actitud siempre fue positiva,  ni una queja, ni un lloro fuera de lugar. ¿Cuándo empezó a ser una mujer mayor? Cuando decidió que había llegado la hora de irse, nunca antes. Aprendió a escribir cerca de los 80 años y se emocionaba cuando podía firmar sin tener que utilizar su huella dactilar escribiendo su largo nombre con letras temblorosas pero sin necesitar la ayuda de nadie. Con ella compartí sus primeras lecturas de palabras emocionada como un niño cuando lee por primera vez la palabra papá. Nunca quiso dejar de aprender, de moverse aunque su cadera casi no se lo permitía, de querer entender todo lo que le rodeaba.

¿Cuándo te conviertes en una persona mayor? ¿Cuando empiezas a ser VIEJO? Creo que depende de cada uno, es realmente una opción personal. Recuerdo ahora cuando hace 8 meses opté por dejarlo todo para viajar a la otra parte del planeta. Me acuerdo cuando decidí compartir la noticia con mis compañeros y amigos. La mayoría se extrañaba y algunos de ellos me dijeron pero ¿no eres demasiado mayor para esto? Cuando lo recibía me apenaba que equiparemos los años de una persona con sus ilusiones y sueños. Si tienes ganas de aprender ¿quién debe poner las barreras? Ahora comparto mis días con gente de más de 27 nacionalidades, de edades muy diferentes, cada una estudiando aquello que ha elegido, que le mueve a estar muy lejos de los suyos porque el esfuerzo vale la pena, no paro de aprender con ellos y de ello...aunque algunos piensan que ya soy algo mayor.

En New Zealand observo a la gente con más de 70 años y su aspecto me impacta. Sus rostros casi sin arrugas, sus claros ojos que regalan vida y experiencia, su aspecto juvenil me hace pensar que no existen viejos en este país, sólo personas con edad. Peter tiene más de 80 años. Dirige un grupo de voluntarios con entusiasmo y ilusión. Me saluda al verme con mucha educación. Sus grandes manos y su fuerza al estrecharme las mías me lleva a pensar que tiene aún mucha fuerza guardada. James, mi vecino de más de 70, me pregunta si necesito algo mientras corta madera sin cesar. En este tiempo nunca le he visto triste. Me saluda cada mañana con una una gran sonrisa mientras coge su coche para irse a trabajar, ni una queja, da igual que sea lunes o viernes. Aquí la gente no se jubila, es gente activa, gente que vive abocada a sus proyectos unidos a una naturaleza que les alimenta y les invita a salir de casa. 

A veces imagino en mi cabeza un listado de todas aquellas cosas que cuando tenga más edad, cuando pueda disponer de mucho más tiempo libre quiero llegar a hacer. Estudiaré nuevas profesiones entre ellas periodismo y filosofía, seguiré corriendo allí donde vaya, recuperaré la lectura de todos aquellos libros que he dejado por el camino, aprenderé nuevos idiomas, visitaré otros países e investigaré sobre sus tradiciones, me ofreceré en todas aquellas iniciativas donde pueda colaborar para hacer la vida un poco mejor de los demás...Sólo pido salud, lo demás ya lo pondré yo.

Por ello llego a la conclusión que mayor es aquel que deja de ilusionarse, que no tiene curiosidad, que no quiere afrontar los continuos fracasos, que pone por excusa la edad para no programar nuevos propósitos, que se ha cansado de vivir...da igual que tengas 20 o 90...la actitud es la que nos mueve  a hacer o no hacer...¡Yo no quiero ser VIEJA nunca! Así que empiezo a enfocar el futuro con esta mirada...¿y tú?

Buen fin de semana a tod@s!

jueves, 14 de enero de 2016

Post del Viernes: ¿Y si no tengo objetivos?

Paro, lo necesito, no por tristeza ni por preocupación sino por cansancio, más bien por extenuación. Dedicar tiempo a detenerse, gran opción. El fin de año me permite distanciarme de todo, de todos y sobre todo de mí misma. Los últimos días del año llevan a una evaluación casi obligatoria. Nuevos objetivos obligatorios a escribir en una larga lista. Pienso en ello y creo que no lo estoy enfocando bien, nada bien. Me esfuerzo a escribir objetivos concretos pero no me salen desde dentro. Me veo delante de una hoja en blanco y no fluye. Esta vez no funciona, me digo a mi misma. Me preocupo y hasta sudo.
No quiero agobiarme, quizás debo cambiar la forma de realizarlo. Mi mente se relaja algo y mi cuerpo se distensiona. Me vienen a la mente algunas ideas, empiezan a llamar a la puerta de mi imaginación algunos propósitos pero muchos de ellos ya los conozco, son los mismos de los últimos años. Van vestidos igual, sé cómo huelen, cómo se hacen grandes y qué tendré que hacer exactamente para conseguirlos y dominarlos. Los miro, los observo y al analizarlos aparece un sensación de aburrimiento, aparece un rechazo que va cubriendo mi cuerpo, no me motivan. 

Error, algo pasa. Alarma. ¿Si no tengo objetivos es que no tengo sueños? Me asusto. Yo, una persona con ganas continuas de avanzar y de aprender agobiada por los objetivos. Sigo pensando, voy a dar un paseo.
Después de caminar me siento en un banco donde me da el sol en la cara. ¿Cuánto hacía que no estaba sola sin hacer nada? Intento dejar la mente en blanco. La brisa toca mis mejillas y el sol empieza a hacer su función. Me siento más serena, más yo. Sigo pensando en los objetivos.

 ¿Y si no necesito establecerme objetivos? Después de una breve evaluación me doy cuenta que lo que me agobia es la obligación de escribir de forma rutinaria objetivos personales, profesionales y deportivos. Error si lo hago con este sentimiento ya que no me los haré míos, los haré por compromiso y perderán todo su sentido.

Me empiezo a sentir diferente. Estoy en un nuevo punto de salida. Vuelvo a caminar y sé que sólo podemos ir allí desde aquí, este es el único punto de partida. Así que cierro los ojos y dejo que salga de dentro de mi todo aquello que me hace feliz, que me gusta, que me hace disfrutar, para recordarlo y volver a sentir sin cargas.

Empiezo a ver la luz, a relajarme, a sentirme más libre mentalmente cuando tomo conciencia de lo que realmente me pasa. Me libero de obligaciones que yo misma me impongo, de tener que hacer lo que los demás esperan de mi. Me siento que llegan a mi mente pensamientos sin esfuerzo, parece que todo empieza a adquirir significado, empiezo a emocionarme. Aparecen propósitos que se vuelven transparentes, pierdo el miedo y pasa a gobernar dentro de mi la alegría. Me doy cuenta que no toca calibrar las respuestas sino las preguntas. ¿Qué me hace feliz? ¿Qué quiero aprender? ¿Qué me gustaría conseguir? ¿Qué quiero hacer con mi tiempo y mis fuerzas? Todo cambia con el tiempo y estoy preparada porque lo veo desde la calma, desde la no obligación.

Tacho los primeros objetivos escritos. Después de tacharlos arrugo la hoja y la tiro. Me siento bien al hacerlo. Empiezo una nueva lista y me salen nuevos deseos, menos concretos, más amplios y muy diferentes. Algo dentro de mi se entristece porque dejaré de hacer algunas de las cosas que en los últimos años me han regalado muy buenos momentos pero me doy cuenta que lo más importante no son los acontecimientos de la vida sino cómo se eligen y se reaccionan ante ellos. Haciéndolo podemos  determinar que sus efectos sean positivos o negativos experimentándolos como oportunidades y no como fuentes de tensión o imposición.

Me pongo a escribir ilusionada, con muchas ganas. Las palabras fluyen en el papel. Aparecen nuevas ideas en mi mente que me llevarán a buscar nuevos caminos y experiencias ¿Y por qué no probarlo? Me digo a mi misma. Tengo ganas de compartirlos. Para que algo ocurra se necesita motivación y parece que vuelvo a tenerla . Quiero ponerlo en práctica a nivel personal, profesional y deportivo, hasta aparece una cierta impaciencia. Pienso en mi, en la relación con los míos, en mi profesión, en el deporte...y veo lo mucho que tengo que aprender sin repetir lo que ya he hecho, volver a salir de la zona de confort. Mi lista se convierte en una lista no de propósitos sino de grandes sueños que me acercarán a VIVIR, a nada más. Quiero intentarlo...empieza el camino...

¡Feliz fin de semana y 2016 a tod@s repleto de los sueños que cada uno quiera!