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jueves, 30 de mayo de 2019

El Post del Viernes: Una mente pobre no tiene palabras...

Una mente pobre no tiene palabras. En cambio, una mente rica tiene un universo repleto de ellas que, a su vez, combinadas y hechas propias se unen a nuestras acciones y se convierten en la llave maestra que abre  buena parte de las puertas y situaciones que nos presenta la vida.

En mis continuos viajes laborales tengo la inmensa suerte de conocer a muchas personas con una capacidad exquisita de expresarse, que más que habla parece que recita frases que muchas veces me  hacen pensar y replantearme aspectos, palabras que puden  llegar a tocar el alma y el corazón.

Cada vez disfruto más de una buena conversación llena de palabras rigurosas y reflexivas, de palabras elocuentes, de palabras transformadoras. Lo peor de todo es tener, en ocasiones, tan poco tiempo para disfrutar de ellas. 

Hablemos más, mucho más, llenemos nuestra mente de palabras que nos transformen y trastoquen lo como pensamos, sentimos o deseamos...Hablemos, llenemos el mundo de buenas palabras que curen, que sanen, que apacigüen, que comprendan, que transmitan, que acojan...

Buen fin de semana para tod@s lleno de palabras. 

jueves, 19 de enero de 2017

Post del Viernes: Cuando MENOS se transforma es MÁS: MINIMALISMO

Hace unos meses me invitaron a descubrir un movimiento llamado The Minimalism (Minimalismo). Desde que me hablaron de él empecé a interesarme  y mi  identificación fue instantánea. El Minimalismo reflexiona sobre cómo nuestro estilo de vida y la relación que establecemos con las cosas materiales y con todo lo que nos rodea determina nuestra forma de pensar y de actuar. Conocerlo me ha ayudado a reflexionar sobre la dependencia que tengo con los objetos, muchos de las cuales pueden llegarnos a atar o esclavizar. Existe una página que recoge toda esta filosofía y que te invito a navegar por ella  si quieres tener más información http://www.theminimalists.com , también puedes escuchar alguno de sus podCasts que puedes encontrar en ITunes, Google Play o YouTube.

¿Cómo podríamos definir qué es Minimalismo? Minimalismo es una "herramienta" para liberarse de los excesos de la vida (cada uno deberá determinar los suyos) a favor de concentrarnos en lo que realmente es importante, para que así podamos encontrar la felicidad, la satisfacción y la libertad.

Sin conocer este movimiento algo pasó en mi cuando tuve que "vaciar" mi piso de Barcelona por viajar a New Zealand. Aun considerándome una persona muy práctica y con poca necesidad de comprar (odio ir de compras) durante aquellos días descubrí que en casa tenía objetos que no había utilizado hacía mucho tiempo, incluso años: utensilios de cocina, libros olvidados en lo alto de una estantería, pequeños objetos comprados en viajes guardados en cajas que no había vuelto a abrir...   Decidí regalar muchos de ellos y otros los llevé a algunas entidades que podían hacer buen uso. En un principio pensaba que me iba a costar mucho más seleccionar qué me quería quedar y cuáles saldrían de casa para siempre, especialmente  los libros y los Cds, pero pude decidir rápidamente y al hacerlo hice me sentí contenta y satisfecha, mucho más libre. Adiós a la televisión (que hacía mucho que no veía), a mucha ropa y complementos, a muchos objetos relacionados con deportes que ya no practico, etc. 

Siento cada vez más que quiero una vida más sencilla (que no más simple) y significativa, menos llena de aquello que sobra, donde lo necesario se transforme en fundamental. Entiendo por ello una vida con propósitos llevados a cabo desde la fortaleza y la estabilidad que me hagan crecer pero que no me unan a objetos que me quiten libertad o a personas que no me lleven a crecer. Entiendo que podemos disfrutar con las cosas pero que no las necesitamos para ser feliz.

Hace unos días deliberaba en mi running matutino sobre la diferencia de tener una vida feliz o  una vida significativa. Creo profundamente que podemos tener una vida feliz y significativa a la vez, por supuesto, pero es necesario no relacionar la felicidad replanteamientos que no te llevan a actuar, a vivir locamente sin consciencia o a esperar que todo llegue desde fuera y arregle a aquello que parece que no funciona en nosotros.

La distinción entre felicidad y significatividad tiene una larga trayectoria en la historia de la filosofía y la psicología. De forma muy resumida, la felicidad, y así la entiendo yo, es buscar el placer interior y exterior y la significatividad vivir de forma más consciente, conectar con lo que somos, con lo que hacemos o decimos, con lo que comemos...

Antes de acabar el año millones de personas escriben sus propósitos para el año nuevo. ¿Cuántas de estas intenciones expresan el deseo de una vida más feliz? Pero el problema es que nos olvidamos de pensar y concretar cómo lo haremos, qué tendríamos que cambiar o añadir en nuestra vida para conseguirlo.

Vivir desde la significativad, desde una vida mucho más minimalista, para mi supone:

1. Conocerse, aceptarse, respetarse y exigirse.
2.  Conocer a las personas con las que nos relacionamos y respetarlas, aceptarlas, crecer con y junto a ellas.
3. Conseguir bienestar desde el interior y no desde el exterior sin tener que depender de objetos para ganar en felicidad e ilusión.
4. Dedicar nuestro tiempo a aquello que nos apasiona, con consciencia del aquí y el ahora.
5. Trabajar para conseguir aquello que deseamos, que nos quita el sueño por la ilusión, que tenemos ganas de compartir con los demás.
6. Crear y consumir mucho menos.
7. Dar a las cosas el valor que tienen y no tener la sensación de que ellas son las que nos dan valor a nosotros.
8. Deliberar sobre qué usamos, qué sentimos y qué queremos.
9. Cuidar respetuosamente nuestro cuerpo (alimentación, deporte y descanso) y nuestra mente.

El nuevo camino de autoconocimiento y autoconsciencia iniciado a raíz de esta tendencia minimalista me está llevando a nuevos cambios en mi vida.
¿Te atreverías a hacer un listado con todos aquellos objetos que tienes en casa y que no usas? Escribe el nombre de aquellos que hace más de 3 meses no has utilizado y hasta has olvidado que están a tu alrededor. Créeme que el listado te sorprenderá como me sucedió a mi...El siguiente paso únicamente lo puedes decidir tú.

!Queramos a la gente y usemos los objetos ...al revés no funciona...!
 Buen fin de semana más minimalista a tod@s!

jueves, 2 de junio de 2016

Post del Viernes: COMUNICACIÓN, MENTIRAS Y OTRAS VERDADES...

La comunicación es un proceso de intercambio de información. La palabra comunicación deriva del latín “communicare” y significa compartir algo, poner en común. Es un fenómeno inherente a la relación que los seres vivos mantienen unos con los otros.  Sin ella no habría intercambio y sin reciprocidad la vida humana sería un periodo vacío y carente de sentido. Necesitamos poner en común con los demás nuestros sentimientos, conocimientos y experiencias y esta comunicación crea el mundo donde vivimos. Comunicamos por muchos motivos: para demostrar, discutir y argumentar, también para colaborar y explorar. Comunicamos con las palabras y con el lenguaje no verbal (curiosamente es este el que contiene mayor información sobre la mentira (Vrij, 2010)). Transmitimos con los gestos, con un abrazo o llorando juntos, y así la comunicación es posible y adquiere significado. Es necesario e imprescindible que el receptor posea la habilidad para descodificar el mensaje y así poderlo interpretar.

Las palabras nos acercan a los demás pero en ocasiones estas salen de nuestras bocas de forma enmascarada, sin ser realmente verdad. Mentimos con ellas pero esperamos que los demás no hagan lo mismo porque siempre deseamos que nos digan lo que es real o que se cumplan las promesas que recibimos. En la comunicación humana la mentira juega un papel activo y en ella se produce una mezcla continua entre ella y la verdad. Las palabras nos ayudan a describir lo que hay y sucede a nuestro alrededor. Pero ¿son las palabras las que nos ayudan a describir la realidad o son la responsable de  crearla?

El silencio también comunica y en él adquieren sentido muchas palabras. El silencio marca el principio y el final de una conversación, nos permiten recoger información, asimilarla, elaborarla y transmitirla. El silencio puede otorgarnos poder o quitárnoslo. Como Lacordaire afirmaba: “Después de la palabra, el silencio es el segundo poder del mundo”. Existen muchos tipos de silencios: silencios espeluznantes, silencios acogedores, silencios esperanzadores, silencios llenos y silencios vacíos. Sin silencio la comunicación no sería posible.

Otro aspecto esencial en la comunicación es la capacidad de escuchar. Es una habilidad difícil de dominar, desarrollar y hasta de encontrarla en el tipo de sociedad donde habitamos. Quien la posee dispone de una gran inteligencia emocional. La escucha se convierte es una parte fundamental del intercambio porque escuchar a los demás nos hace personas más compasivas y más amables. Nos permite intuir qué quiere la vida y los demás de nosotros.

No podemos obviar que en la comunicación aparece la mentira. La mentira forma parte en la formación y consolidación de las comunidades. Como afirma González (2006) la mentira considerada como una función humana se vislumbra desde la prehistoria. La falsedad y la mentira salpican nuestra historia y está presente en momentos que han marcado el transcurso de la humanidad. Podemos afirmar que nuestra historia miente. Pero ¿es innata en la comunicación y vida del ser humano? ¿Por qué el ser humano tiene necesidad de mentir? ¿Vivíamos antes en un mundo más honesto y confiado como afirmaba Minogue? ¿A alguien le gusta que le mientan? ¿Por qué mentimos más unos que otros? ¿Podemos justificar la mentira? Preguntas difíciles de responder en una sociedad que lleva al ser humano a utilizar la mentira y el engaño para integrarse en ella asumiendo la responsabilidad personal pertinente.

Los motivos de la utilización de esta mentira y del engaño podrían estar relacionados y ser producto por una parte de la interacción continua con el medio y por otra ser intrínseco del individuo; llegando a la conclusión que ambas cuestiones se complementan y se amplían una a la otra.
Las personas, como decía Bullock (2007) prefieren que los demás no digan nada a que les mientan. A nadie le gusta recibirlas pero una cuestión es recibir una mentira y otra muy diferente sentirse engañado.

La mentira y el engaño forman parte de las relaciones humanas pero mentir y engañar no significan lo mismo. La Real Academia Española de la Lengua describe el mentir como decir o manifestar lo contrario a lo que se sabe, se cree o se piensa y engañar el dar a la mentira apariencia de verdad o inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras y de obras aparentes o fingidas. Mientras que la mentira se refiere al contenido del mensaje y puede estar asociada a la violencia, la infidelidad, etc., el engaño implica una intencionalidad del emisor.

En toda nuestra vida, las relaciones que establecemos con los demás giran entorno a la confianza o desconfianza que depositamos en estas y en nosotros mismos. Sin confianza no podríamos vivir ni relacionarnos: no podría darse la solidez en una pareja, la unión en un grupo de amigos o la consecución de objetivos comunes en las organizaciones.

Preferimos recibir una mentira y no darnos cuenta que nos engañan, especialmente por alguien cercano y del que tenemos estima y aprecio pero también evitamos ser perjudicados por ello. Como afirmaba Nietzsche “los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño”.  Nos esforzamos en pensar que los que nos rodean y, especialmente a los que apreciamos o admiramos, nos dicen siempre la verdad. El valor de la confianza es indispensable en la convivencia humana para que esta pueda basarse en los valores del respeto, la estima y la ayuda mutua. Una sociedad que confía en los demás es una sociedad que se apoya, que no finge y es honrada, que acoge y se anima a avanzar. La confianza proporciona al individuo seguridad, bienestar, alegría e ilusión, hace a las personas más valientes y fuertes, más reflexivas y libres pudiendo establecer así lazos sólidos de reciprocidad y lealtad con los demás.

En la comunicación siempre aparece un porcentaje de posibilidad de que emerja la mentira. Esto puede convertirse en una costumbre o en algo muy cotidiano. Es oportuno constatar la aceptación de la mentira en la vida social ya que en ocasiones se convierte en algo necesario y justificable para el bien común. Pero ¿debemos convertirnos en personas mentirosas y desconfiadas? ¿Debemos tolerar un tipo de mentiras más que otras? Preguntas complicadas también de responder.

No todas las mentiras son iguales. Hay mentiras breves, otras extensas, hay mentiras intensas, malas y punzantes otras son más superfluas. Las descubrimos en las noticias de la prensa escrita, en las conversaciones que establecemos diariamente; las escuchamos en la radio mientras volvemos a casa y cuando encendemos el televisor. La necesidad de querer informar rápidamente, la inmediatez que impera en todo tipo de comunicación actualmente provoca que muchas veces se deforme la información y se usen datos erróneos para ganar protagonismo o diferenciarse de los demás. Esta inmediatez crea en ocasiones falsas o erróneas informaciones en su difusión. Igual sucede en Facebook, Twitter o en otras redes sociales donde se busca el impacto y la empatía con los destinatarios y usuarios de la red.

No todas las mentiras nos afectan igual. Según Sullivan (2013) hay mentiras más tolerables que otras. Para que estas lo sean deben ser ingeniosas o divertidas, con consecuencias leves y sin que nos ofendan, en cierto punto inofensivas o que sus motivos no perjudiquen a nadie. Deben ser pronunciadas por un ser simpático, que sea una persona débil y no tenga otra forma de enfrentarse al injusto poderoso.

Pero ¿por qué el ser humano miente? El hombre miente por motivos diversos: por necesidad, para obtener beneficio, por conveniencia, para evitar conflictos, por costumbre, para protegerse o salvaguardar ante los demás una determinada visión de las cosas. Se miente para no sentirse excluido, por reproche, para ser más atractivo o inteligente, para llamar la atención, para culpar a otra persona o para no asumir responsabilidades. Somos mentirosos por naturaleza ya que somos hasta capaces de mentirnos a nosotros mismos. Pero no siempre las connotaciones de la mentira son perjudiciales, también se miente por razones que pueden ser positivas. Se puede mentir para dar una sorpresa, para ayudar, para alegrar y hacer más felices a los demás, para no frustrar ilusiones o iniciativas, para no herir o proteger la intimidad delante de desconocidos o dentro un grupo, etc.

Decir mentiras de forma continua y condicionada ¿nos permite ser lo que realmente somos? La mentira, según Rafael Benítez, cumple no sólo la función de ocultar la verdad, sino también la de ofrecer una impresión favorable ante los otros de nosotros mismos. Esto nos ayuda a adquirir poder, seguridad y protección y evitar la vergüenza pública y valoración negativa de los demás.
¿A qué tenemos miedo? ¿A asumir las consecuencias de la verdad? ¿A conocernos mejor, a compartir los que pensamos o sentimos con temor a no ser entendidos y acogidos? ¿a ser nosotros mismos? Según Ekman y Sullivan(1991): “El miedo a las consecuencias de que la verdad se sepa se une al miedo a ser descubierto mintiendo y al mayor o menor sentimiento de culpa por mentir”.

Nos empeñamos una y otra vez a proteger ante los demás una determinada imagen que pensamos que los demás tienen de nosotros para que nos consideren más inteligentes, poderosos o atractivos. Habitualmente aceptamos valores e ideas sin discutirlas, sin reflexionarlas, sin replantearnos si son ciertas o no porque necesitamos que encajen en lo que creemos o nos gustaría que fuese la realidad. El autoengaño nos distancia de la realidad y nos invita a evadirnos de nuestras responsabilidades.

Nos esforzamos a vivir en un mundo estable y seguro que en realidad no existe para que nos acepten sin reproches ni discusiones. Es necesario conocer cuáles son nuestras emociones y sentimientos, descubrir qué es lo que realmente nos hace feliz, asumir nuevos retos, dejando de ser lo que realmente no somos siendo capaces de defender nuestras ideas para abandonar la necesidad de utilizar la mentira como vehículo de aceptación. Este crecimiento personal nos aleja de la mentira y la exageración.

¿Es posible encontrar a una persona que no mienta nunca? ¿La sociedad resistiría la inexistencia de la mentira? Si fuera así sería quizás una sociedad con seres carentes de imaginación, rígidos y con dificultades para establecer vínculos emocionales y relaciones fluidas y correctas con otras personas. O quizás no, tal vez todo sería más sencillo, no existirían los rumores, ni los cotilleos ni los bulos y no se produciría en ningún caso una distorsión de la realidad.

La mentira hace acto de presencia en todos los ámbitos de la sociedad, habiéndose apoderado de algunos de ellos. En ella el doble mensaje está latente en cada relación. Ha transformado y animado a muchos hombres a actuar, siguiendo impulsos primitivos, para satisfacer así sus necesidades e intereses por encima de las del grupo. Si observamos a nuestro alrededor podemos afirmar que mienten los políticos, los publicistas, los profesores, los vendedores, los abogados, los carniceros; en definitivamente todo el mundo. El que miente se esfuerza por retener, ocultar información o proporcionar información falsa intencionadamente. En ocasiones también es capaz de presentar información falsa para engañar.

¿Y qué hacer para mejorar esta situación? ¿Es posible impulsar la veracidad en la sociedad actual? La esperanza de que la sociedad puede cambiar y el trabajar por ello debe convertirse en el gran reto que los educadores y profesores deben querer alcanzar con su trabajo diario. ¿Cómo hacerlo?

-        Animemos a nuestros alumnos a huir de la mentira. La sociedad no debe tolerar al que miente únicamente en su beneficio.

-       Trasmitamos diariamente palabras de ánimo y de seguridad utilizando expresiones que difundan confianza para que se sientan aceptados y que no piensen que si no son ellos mismos crearán decepción o malestar en los demás.

-       Enseñemos a persuadir pero no a mentir. La persuasión sin coacción nos permitirá intercambiar pensamientos y opiniones sobre creencias y formas de vida.

-       Argumentemos la importancia que adquiere poder mantener nuestra palabra, actuando y viviendo con integridad, compromiso y consistencia.

-       Comprometámosnos con la verdad y la realidad, aquí está la clave para que la mentira acabe extinguiéndose o reduciéndose.

-       Asumamos que el mundo no es un lugar estable y comprensible al 100% porque así dejaremos de poner toda nuestra energía en intentar interpretarlo o explicar bajo nuestro punto de vista y empezaremos a entender, asumir y gozar más de la vida.

Muy buen fin de semana VERDADERO a tod@s!