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jueves, 29 de junio de 2017

Post del Viernes: Saber volver... no siempre es fácil...

En varias ocasiones he querido empezar a escribir este post pero algo dentro de mi no me dejaba. Ahora que siento que puedo escribirlo sé que lo que me impedía hacerlo era volverme a conectar totalmente conmigo misma después de días intensos por muchos motivos. Cuando vives tan alejada de una realidad, de un país, de unas rutinas y formas de hacer te desconectas inconscientemente de muchas dinámicas y formas de vivir. El regreso te recuerda que aquellos cables y conexiones que tenías desconectados deben volverse a conectar si no quieres vivir aislado de todo y de todos.


La llegada a casa puedo valorarla  totalmente positiva especialmente por los encuentros  con los seres queridos. Los abrazos, las miradas, las preguntas te hacen re-conectar con lo que han vivido ellos en los meses de ausencia. Cuando es tu turno y toca explicar todo lo experimentado te es complejo hacerlo con palabras. Optas por describir tu día a día allí, en qué dedicabas el tiempo y detallar el ambiente y la forma de vida de los locales. Inconscientemente te das cuenta que es difícil explicar para que se entienda lo que realmente viviste allí: las risas compartidas con gente que ahora está repartida por todo el mundo, los miedos por no entender y no estar a la altura, las dificultades para sobrevivir en un clima y una sociedad muy diferente a la tuya, el dolor cuando la añoranza se instalaba en el cuerpo y el entusiasmo por sentir que aprendes, que tu mirada se amplía, que eres capaz de hacer cosas que nunca habías imaginado . Todo esto está muy adentro de ti, ocupando un espacio enorme y  al principio no sabes cómo gestionar para que no te duela. En ocasiones parece que estás "fuera de juego", en el banquillo sin saber cuando te tocará jugar.

Llegas a casa e intentas volver a tus rutinas pero todo parece ser diferente. Observas y la gente sigue en sus proyectos, con su vida diaria, totalmente comprensible...pero cuando lo observas con cierta perspectiva no deja de hacerte pensar. Es como si cada persona con la que me he encontrado estuviese encima de una barca en movimiento y para volver a conectar con ella tuviese que saltar a ella para seguir su ritmo y poder así compartir un tiempo juntos. Lo haces porque te interesas por ella y deseas hacerlo pero te sientes algo extraña. Pones la radio (aun no he visto la tele) y las tertulias me enturbian la mente teniendo que apagarla para no agobiarme. Opto por escuchar música o podscasts bien elegidos. Mi cuerpo y especialmente mi mente se quejan y me transmiten que están muy cansados, que necesitan sosegarse y yo sólo les pido que aguanten un poco más, hasta mediados de julio donde les prometo que podrán descansar. Haber vivido con 12 horas de diferencia influye también en tu sueño, tu cuerpo y tu estómago pero tiempo al tiempo, con paciencia todo volverá a ponerse en su sitio, mientras tanto a aprender de este proceso que me tiene muy interesada.

Sigo leyendo y investigando, escribiendo, no al ritmo que quisiese pero lo acepto. Corro y nado diariamente porque me ayuda a pensar y  fluir con más espontaneidad. En estos espacios de tiempo me pregunto si volvería a New Zealand y mi mente y mi corazón dicen que no, aunque eche de menos a la gente y a los muchos momentos vividos juntos. Si cierro los ojos soy capaz de recordar miradas, olores y sabores, ruidos, cantos de pájaros...y me gusta hacerlo pero siento muy dentro de mi que la experiencia debía acabar cuando y cómo lo hice.

Siento una felicidad y una gratitud absoluta por todo lo vivido y aprendido durante este tiempo pero sé que debía volver, no sé si para siempre o por algún tiempo, la verdad es que esto no me preocupa lo más mínimo. Acojo los momentos de alegría intensa entre los míos, la melancolía que a veces me acompaña por casa, el no entender algunas situaciones que observo. Admito con máximo respeto el ritmo de vida de los demás queriendo saltar a sus barcas las veces que sean necesarias para saber y vivir con ellos.

Y por ahora decido seguir trabajando y estudiando, seguir encontrándome con gente para compartir el momento, leer y meditar para entender mejor mi mundo y todo lo que me rodea oponiéndome a que entre a mi vida información que no sirve para nada, eligiendo muy bien qué quiero oír y ver. Deseo aplicar todo lo aprendido en mi vida diaria personal y profesional a mi vida de aquí, o donde sea, es lo que quiero pero necesito un poco más de tiempo...

Buen fin de semana sabiendo volver a tod@s!

jueves, 20 de abril de 2017

Post del Viernes: ¿Resistir o insistir en la vida?


Hay situaciones que no entendemos, que parecen ser contrarias a lo que pensamos o sentimos. ¿Qué hacemos cuando esto sucede? Lo he estado analizando y creo que el 90% de las ocasiones intentamos resistir, luchar para cambiarlas.

Quizás con un ejemplo se entienda mejor lo que quiero decir. Imagina que estás comiendo con un grupo de personas y una de ellas hace una afirmación que es totalmente  opuesta a lo que tú piensas, expuesta de una forma radical y taxativa. ¿Cómo reaccionas? Quizás perteneces al pequeño porcentaje de la población que prefiere no opinar y mantenerse callado pero debo constatar que la gran mayoría utilizamos un gran nivel de energía exponiendo argumentos para defender nuestro punto de vista y convencer al otro que está equivocado. Creo que esto no es erróneo pero pasa a ser nocivo si no se nos va de las manos porque a veces transformamos la situación en una lucha, en una demostración de nuestra fuerza para imponer, de la misma forma que lo intenta hacer el primer interlocutor, nuestras ideas. Nos sentimos poderosos explicando porqué nuestra opción es mejor que las anteriormente expuestas con tono alto para exhibir nuestro poder. ¿Y qué ganamos con este elevado desgaste? En la mayoría de las ocasiones absolutamente NADA positivo. Nos ponemos nerviosos, nos llenamos de rabia y energía negativa. ¿Para qué? ¿Para sentir que hemos ganado? Siento que esta demostración de poder se transforma muy habitualmente en una actitud demasiado habitual en nuestra vida personal y profesional. Tendemos a resistir las situaciones, queriéndolas superar con un cuchillo en los dientes por si alguien opina diferente estar preparados para poder contraatacar. 

"En la vida en ocasiones no podemos elegir lo que vivimos pero sí cómo lo vivimos"
Pero...¿Y si insistiéramos? Me refiero a ponernos delante de la situación e intentar leer qué está sucediendo, únicamente eso, intentando entender porqué debemos vivir ese momento, para qué ha aparecido en nuestra vida, porqué debemos compartir con esas personas esa experiencia. ¿Cuál sería el resultado? Creo que muy diferente y mucho más positivo. No malgastaríamos energía, viviríamos las situaciones en posición de "terceros" que observan, analizan y actúan desde la serenidad y no desde la rabia, eliminando la frustración y substituyéndola por el aprendizaje, seríamos capaces de vivir las situaciones de forma muy distinta. 

Espera...antes de decir que no funciona puedes probarlo, ponerlo en práctica y evaluar cómo te sientes. A mi desde hace un tiempo me funciona. ¿Por qué no te iba a funcionar a ti?

Buen fin de semana a tod@s!

jueves, 30 de marzo de 2017

Post del Viernes: La IMPERMANENCIA de las cosas

Llego a la clase y no puedo mover las manos, las siento como dos bloques de hielo. Hoy el frío se ha apoderado de mi cuerpo y parece que no quiere salir de él. Intento coger un bolígrafo para empezar a escribir pero no puedo. Toco mis manos y las siento inertes, sin capacidad para reaccionar. Lo intento de nuevo, el bolígrafo vuelve a caer sobre la mesa, lo vuelvo a intentar y vuelve a pasar. Me envuelve un sentimiento de impotencia que me disgusta porque no soy yo quien controla la situación, porque es más fuerte que yo. Este problema pasajero y casi ridículo me ayuda a constatar que:

- No me gusta sentirme débil o impotente.
- Me entristece y hasta me enrabia no poder hacer en un momento determinado aquello que deseo.
- Me da miedo pensar que algún día las fuerzas me puedan faltar.
- Sé que no poder elegir me limita y empequeñece.

Me paro y pienso que debo seguir aprendiendo que la vida también es esto: aceptar que las cosas no siempre salen como tú deseas. Por otro lado reflexiono y pienso que en ocasiones sentirse más débil te puede ayudar a pensar en tus fortalezas para buscar nuevas soluciones, aprendiendo a agradecer con más intensidad todo lo que sí que eres capaz de hacer o sentir. Pienso en la cara y la cruz que tienen todas las cosas para aprender con qué parte  quiero quedarme.

Miro mis manos de nuevo y cambio mi mirada. Respiro para agradecer todo lo que tengo a mi alrededor. Por tener muchas partes del cuerpo que sí funcionan. Por tener tiempo para hacerlo. Por sentir que estoy viva. Por querer vivir la vida sin un ritmo frenético, apurada, preocupándome por cosas que no acabarán pasando, intentando controlar factores que están fuera de mi control.

Mientas mis manos empiezan a reaccionar pienso en término budista de la impermanencia porque entenderlo me ha hecho aceptar la temporalidad de todas las cosas, porque todo llega y todo pasa...porque es así... todo acaba y se descompone y aceptarlo nos permite vivir con más serenidad. Reconocer y aceptar que no podemos controlar el destino nos permite saborear mucho más el presente, vivir más intensamente el aquí y el ahora, porque las cosas que proyectamos  ¿realmente acabarán sucediendo? 

El filósofo Alain Watts afirmaba:
"Es en vano que podamos predecir y controlar el curso de los acontecimientos en el futuro a menos que sepamos vivir en el presente. Es en vano que los doctores prolonguen nuestras vidas si nos pasamos el tiempo extra ansiosos por vivir todavía más tiempo"

Vivir en el presente sin tener miedo a nuestras debilidades o a la muerte para  vivir una vida significativa...por ello nos tendría que asustar más vivir una vida con miedo que el mismo morir.

Una  reflexión más totalmente impermanente para desearos un buen fin de semana a tod@s!

lunes, 25 de abril de 2016

Visual Thinking Life: Saborea la VIDA entera


- Va a llover, mejor no.
- Estamos cansados, mañana.
- Hace frío, en primavera.
- Es tarde, ya lo haremos.
- Espera, mejor más adelante.
- Quizás seamos muy mayores.
- No quiero hacer el ridículo.
- Me retiro, no quiero ser el último.
- Ya iremos, habrá tiempo.
- Parece mentira, el tren ya pasó hace mucho tiempo.
- Es extraño, nadie lo va a entender.
- Demasiado llamativo, olvídalo.
- No, pensarán que estamos locos.
- No puedo dejar el camino marcado, aquél que los "maestros" marcan.
- No estoy preparado, dame tiempo.
- Los demás hacen que no me atreva.
-No puedo nadar contra corriente.
- Desconfío de todo y de todos.
- No sería lícito ni pensarlo ni hacerlo.
-Sólo estoy preparado para imitar, es mejor así.

Atreverse a SABOREAR LA VIDA ENTERA 
¿Tú te atreves?

"Tan odioso me es como las puertas del Hades el hombre que dice una cosa y esconde otra en su corazón"
Homero

lunes, 22 de febrero de 2016

Visual Thinking LIfe: EXPONENCIAR la solidaridad CORRIENDO


La unión fortalece. Cuando un grupo es capaz de actuar de manera coordinada su fuerza en conjunto es mayor. Elegir un objetivo, pensar que es enorme, casi inalcanzable, sentirse algo sobrepasado, irlo desmenuzando, compartirlo, hacer que los demás se ilusionen con él, empezar a pensar que quizás se puede conseguir, vincularlo a una causa solidaria y recorrer kms para llegar a la meta y ser finishers. El camino a recorrer, las dudas, la búsqueda de recursos y sponsors, de tiempo, explicarlo y volverlo a explicar, sentirse acompañado, comprendido,  mimado y muy motivado. Esto es lo que creemos que significa exponenciar la solidaridad corriendo, ¡Qué gran forma de hacerlo!
Hoy Patricia y yo nos unimos con nuestro Visual Thinking Life a un proyecto,a cuatro madres, a 100km, a una gran causa, porque el deporte es un maravilloso vehículo para multiplicar la solidaridad. ¡Por muchos kilómetros llenos de vida y solidaridad para crear un futuro más equitativo para todos!

Para más información y poder colaborar: