jueves, 28 de mayo de 2020

Post del Viernes: Pide un deseo...

En estos días que caminamos hacia "una nueva normalidad" que nos repiten una y otra vez pensaba en el poder curativo de los deseos. ¿Quién no ha pedido algún deseo alguna vez? Me voy a permitir  obviar que el primer deseo SIEMPRE es la salud... y en estos días las razones son más que evidentes.

El Coronavirus nos ha impuesto una forma diferente de celebrar las fechas señaladas ¿Quién no ha celebrado algún cumpleaños estos días de forma virtual? Reuniones familiares organizadas en multipantallas donde la añoranza y la alegría intentan sobrevivir sin pelearse. El homenajeado u homenajeada, en el momento de soplar las velas, intentando agradecer el encuentro y pidiendo el deseo que todos le pedíamos con insistencia. Deseos virtuales que esperan también hacerse reales, aunque no saben en que fase será posible. Parece que ahora los deseos se han hecho algo más pequeños, que han perdido volada, casi se limitan a cosas que antes podíamos hacer de una forma casi habitual y ahora se han convertido en extraordinarias...así nos lo impone esta nueva vida. Dicen los que más saben de este tema que los deseos no pueden compartirse porque sino no se cumplen, pero si no se comparten ¿cómo demostraremos que se han hecho realidad?
Cierro los ojos y pienso en un deseo: dar besos sin tener miedo a transmitir el virus. Dar besos a mis padres que hace más de 70 días que no veo porque una línea imaginaria llamada zona sanitaria no me lo permite. Dar besos a mis hermanas. Dar besos a mis sobrinos y cuñados. Dar besos a mis amigos. Un deseo pequeño, casi insignificante o ridículo...no sé, quizás todos andamos faltos de esas pequeñas muestras de amor que hacían que la vida fuese más fácil, más rica y nutritiva para el alma y el corazón.
Seguiré pidiendo deseos, seguro que pronto podrán ser más grandes, más inspiradores...ahora me quedo con este.

Buen fin de semana para tod@s!

jueves, 21 de mayo de 2020

Post del Viernes: Vidas reducidas a una maleta

La APP de la Compañía Aérea de mi teléfono móvil me recuerda que hoy mismo viajaba a Menorca para participar en una nueva competición, esta vez una ultra trail. Vuelos planificados con muchos meses de antelación e ilusión que vuelven a anularse. Para muchos puede parecer una tontería, para mí esto de tener retos me da vida y me hace sentir viva ...así que un confinamiento no acaba de cuadrar con mi estilo...supongo que con el de muy pocos...

Una semana más o una semana menos...según se mire y seguimos estudiando qué podemos hacer y qué no en la fase en la que nos toca vivir. Pienso en mi vida de hace solo unos meses y la verdad es que se parece muy poco a la de ahora y creo que es una realidad compartida con el 80% de la población. Estoy cansada del teletrabajo, de las franjas horarias, de no tener libertad para ver a los que tanto quiero ...y a la vez me siento muy agradecida por tener salud, por pensar que podría ser mucho ... Sentimientos opuestos que en ocasiones tienden a desequilibrarme un poco. 

A veces imagino que todo esto es un mal sueño, que no está sucediendo. Pienso que puedo volver a viajar. Me pregunto, que cuando pueda hacerlo, cómo será mi maleta. Tengo la sensación que nuestras vidas se han reducido mucho, que en ocasiones se ha simplificado. Nos hemos dado cuenta que muchas de las cosas que teníamos tenían muy poca utilidad, quizás hacía años que no las utilizábamos y otras se han hecho imprescindibles. ¿Quién no ha hecho limpieza estos días? Me doy cuenta que sería muy sencillo meter mi vida en una bolsa de viaje: ropa deportiva, bambas, portátil, libro digital, el reloj, utensilios para el aseo y poco más...a...y la mascarilla. La vida nos está enseñando que hay que irse desprendiendo de muchos objetos, pensamientos dudas y algún que otro temor... quizás este es el gran aprendizaje del Coronavirus...

y tú ¿Qué meterías en tu  maleta?

¡Ánimo y confianza para tod@s!

jueves, 14 de mayo de 2020

Post del viernes:¿Seremos capaces de aprender alguna cosa?

Pero, ¿seremos capaces de aprender algo de esta situación? Algunos dicen que sí y están muy convencidos y otros muchos creen que no. Yo hoy me permito quedarme en medio...pensando que la mejor opción es que cada uno pueda decidir qué prefiere pensar. No sé si habremos aprendido muchas cosas pero lo que sí que estoy convencida es que esta cuarentena nos está haciendo vivir, pensar y encarar muchas situaciones que nunca habríamos imaginado  y que condicionarán nuestro futuro.

La verdad es que no se necesita valor para hacer una cosa cuando es lo único que puedes hacer así que sobrevivir a este confinamiento ha sido el objetivo principal de la mayoría y el mío así que no le atribuyo ningún valor personal...no nos ha tocado otra...aunque lo que hemos podido elegir es con qué actitud hacerlo y esto si que es valorable.

La motivación es un motor interno que se enciende y se apaga de forma misteriosa y que nos predispone a aprender y especialmente a superar dificultades y este periodo ha estado marcado seguramente por la "motivación intrínseca" que cada uno haya podido tener. Me gustaría quedarme con lo que he aprendido o intentado entender así que no sé si puedo enumerar muchos aprendizajes pero si algunas "reflexiones de vida". Entre ellas destaco:

- El equilibrio interior es lo que nos permite no perder los papeles cuando estaríamos abocados a ello.
- Los hobbies y pasiones te hacen sentir más fuerte en tiempos de crisis u oscuridad.
- Pensar  en positivo supone un esfuerzo, hasta para el más optimista.
- Los grises tienen siempre mucho más color que el más intenso negro.
- La vida, con amor, es doblemente reconfortante.
- La gente buena no deja de serlo ni en las situaciones más complicadas.
- Amar lo que haces ensalza y justifica el esfuerzo.
- Mirar hacia atrás te hace sentirte afortunada.
- En la vida hay dos tipos de personas: las que valen la pena y las otras.
- Soñar no vale dinero pero si que exige imaginación.
- La vida, como en el confinamiento, con dinero es mucho más fácil.
- Echar a faltar a veces daña y rasga el corazón.
- Evolucionar es mucho más que avanzar.
- La frustración mata la creatividad.
- La inteligencia a veces es interpretada como una amenaza y no como una inspiración.
- La gente perezosa busca excusas en los buenos y en los malos momentos.
- El teletrabajo puede convertirse es un "roba-vidas".
- Perder la pasión por algo te hace sentir huérfano y débil.

Acabamos así la 9ª semana de confinamiento, una más.... Cansada de esta situación, pensando en los que tanto sufren o han sufrido, en los que intentan volver a abrir sus negocios, trabajando mucho para acompañar y planificar un curso que se presenta incierto, donde poner una fecha siempre va asociado a un "ya veremos", con ganas de más libertad, de visitar a los míos, de cerrar esta etapa, de poder volver a correr una maratón, de viajar, de pasear sin franjas horarias, de mirar a los ojos sin miedo a contagiar...

Buen fin de semana para tod@s

jueves, 7 de mayo de 2020

Post del Viernes: Contrafóbica: lanzarse a hacer lo que te da miedo

El miedo es inherente al ser humano. Pero eso no quiere decir que el hombre haya nacido para sentirlo. Nuestros antepasados se atrevieron a cazar y mejoraron su vida con la invención del fuego. Durante la historia de la humanidad, las personas han sabido sobreponerse a pensamientos limitantes y esta valentía nos ha permitido evolucionar y no quedarnos estancados.

Si el miedo es inherente al ser humano, ¿por qué tendemos a esconderlo? La vivencia de esta pandemia ha traído a mi cabeza algún miedo. Les he puesto cara y nombre y clasificados en dos grupos: miedos relacionados con mi persona y miedos relacionados con los demás. El listado me ha revelado que los relacionados con terceros era mucho más extenso que el que se refiere a mi misma. Durante estos días me ha preocupado la salud de los que me rodean, el no poder ayudar a mis padres por la lejanía en la que nos encontramos, por cómo pueden vivir este periodo los peques de casa, por la situación laboral complicada por la que están pasando personas muy cercanas, por cómo esta crisis afectará económicamente a tantas personas... Cuando quieren entrar en mi cabeza he intentado que sean temores controlados, que no consigan hacerme perder la paz interior y me dejen descansar, aunque alguna vez me han quitado el sueño.

En mi vida he temido cosas y ahora me he dado cuenta de que muchas de ellas no las he compartido abiertamente o lo he hecho con pocas personas. ¿Por qué no nos enseñan a hablar de nuestros miedos y temores desde que somos pequeños? Cuando era una niña me apasionaba el mar, mi madre me recuerda que al llegar a la playa no salía del agua durante horas. Llegué a competir en natación y hasta gané alguna medalla nadando de espaldas. Hace unos años en un triatlón, durante la salida, sentí que muchas participantes pasaban por encima de mí y creí que me ahogaba, ya que no podía salir al exterior a respirar. Desde aquella experiencia, cada vez que competía tenía palpitaciones y en una competición en Madrid sufrí un ataque de pánico en el tramo de natación. Allí sentí que si salía del agua en aquellos momentos nunca más volvería a nadar o competir. Pedí a una embarcación que nos seguía que estuviese a mi lado durante todo el trayecto y conseguí superar el tramo de natación saliendo la última del agua. Poder acabar y no abandonar me hizo entender que el miedo solo estaba en mi cabeza. Volví a empezar a entrenar de nuevo en la piscina, recuerdo que mi corazón se  aceleraba cada vez que me acercaba al agua pero nunca abandoné un entreno aunque todo mi cuerpo temblase. Poco a poco he ido superando este miedo y ahora, gracias a mi entrenadora Judith Corachan, empiezo a disfrutar de nuevo nadando y queriendo más que nunca competir en larga distancia en triatlón. Su seguridad y pasión por el agua, su confianza me hace más fuerte a mi. Sé que me pondré nerviosa cada vez que me ponga el neopreno pero intentaré no dejarlo de hacer por miedo. Este ejemplo puede parecer una tontería para muchos pero para mí no lo es. Eso es el miedo: te acobarda, somatizas, te bloquea...pero nunca debería poderte vencer.

Me hace feliz pensar que he sido una persona "contra fóbica" en algunos momentos de mi vida por lanzarme a hacer muchas cosas que me daban miedo y hasta pánico ...y con el paso del tiempo, algunas de ellas, se han convertido en grandes decisiones o pasiones de mi vida. Creo que haber crecido y estado rodeada de gente que considero muy valiente me ha ayudado mucho porque he sentido confianza y me he podido reflejar en ellas. Volví a África un año después de sufrir un paludismo que casi me hace perder la vida o al Perú después de estar inmersa en un tiroteo por el golpe de estado que se estaba produciendo...sabía que si no volvía a estos países cogería miedo a viajar y a hacer voluntariado, podría poner otros ejemplos como podríamos hacerlo todos ¿quién no se ha encarado a sus miedos?...Con esto no quiero decir que soy más valiente que los demás o la persona más inconsciente del mundo. Nada de eso, describiendo estos hechos quiero expresar que muchas veces hay que volver intentar hacer aquello que en algún momento te limitó para demostrarte que la situación ha cambiado y que puedes con ella...si realmente lo sientes así.

Todas las personas pasan miedo alguna vez en su vida y en la crisis sanitaria en la que vivimos es una realidad constante en muchas personas ¿Y cómo se superan los miedos? Yo creo que la única manera de hacerlo es mirándolos a la cara, asumiéndolos, dejando que te acompañen o tomando nuevos caminos. ¿Fácil? NO pero ¿qué otra solución nos queda? Creo que actuar así nos ayudará a conseguir nuestra mejor versión y vivir con mucha más paz. En una conversación de hace pocos días con uno de mis mejores amigos conversábamos sobre la necesidad de valorar lo que somos capaces de hacer, de tener confianza, de asumir que las cosas no siempre son fáciles y que  mirarlas a la cara permite salir de ellas. No sé en que consistirá esa "nueva vida" que los políticos y medios de comunicación nos anuncian repetidamente pero espero que esté exenta de miedos o temores que quieran anularnos o pretendan que perdamos la libertad que durante años nos hemos ganado.

En los días que sentía más temor cuando pretendía nadar, antes de cambiarme, escuchaba canciones de Lluís Llach, un cantante que me ha acompañado y me acompaña en mi vida. Esta semana ha publicado una nueva versión de una preciosa canción titulada "Un núvol blanc" (Una nube blanca) en la cual participan también Santi Blames, Gemma Humet y Judith Neddermann en recuerdo de todas las víctimas del COVID-19  y queriendo convertirse en un apoyo más de la campaña  #joEmcorono #¶omecorono https://www.yomecorono.com a la que me sumé desde el primer momento. Con ella quiero acabar este post...por los que no están o están pasando miedo...una nube de esperanza para todos.

Feliz fin de semana para tod@s!



jueves, 30 de abril de 2020

Post del Viernes: Libretas de vida...

Siempre me ha gustado escribir. En mi primer viaje, a los 17 años para ir a Costa de Marfil como voluntaria de una ONG para trabajar con los niños y jóvenes que vivían en la calle, empecé a escribir en una libreta todo lo que hacía y, especialmente, lo que sentía. Cierro los ojos y me veo escribiendo en muchos lugares del mundo donde he podido vivir y viajar. Recuerdo escribir:
- En mi pequeña habitación en Duékoué (África) protegida por una mosquitera después de trabajar todo en el día en un dispensario traduciendo a una maravillosa enfermera y curando las llagas de enfermos.
- En Lima, mientras nos disponíamos a cargar camiones, en frías noches de invierno, con grandes ollas en busca de los niños y jóvenes "pirañitas" que quizás dejarían de esnifar cola durante unas horas para compartir un plato de sopa caliente.
- En la furgoneta que me llevó a recorrer el norte de la India y descubrir Nepal haciendo un trekking por Pokhara.
- En Egipto mientras descubría la inmensidad de las pirámides o en Jordania después de visitar la majestuosa Petra y flotar en el mar muerto.
También en Cuba, Portugal, Senegal, los Parques Naturales de Estados Unidos o Canadá, en Nueva York, en San Francisco, los Ángeles, Boston o San Diego, en Japón, Singapur, Camboya, Vietnam, Finlandia, Londres, París, Roma, Croacia, México, Noruega, Australia o mi año de estudio en Nueva Zelanda. Creo que nunca había puesto por escrito los lugares que he podido visitar...y me siento muy afortunada  ¡Qué bien me ha hecho escribir y viajar! Creo que estos viajes fueron tan especiales por las personas con los que los hice o pude llegar a conocer. De ellos he aprendido que la vida es ver, escuchar y experimentar. Viajar es sentir que no eres nada y todo a la vez, que no tienes nada y que lo tienes todo, que el mundo puede ser muy inmenso o muy pequeño. Cierro los ojos y me traslado a algunos de estos lugares y casi puedo sentir lo qué sentía en algún momento concreto, recuerdo las risas compartidas con los de siempre, los apuros y malos momentos y los sentimientos de echar de menos a los míos desde la lejanía pero no siempre querer volver... Esta semana he valorado más que nunca y echado de menos el poder viajar. No siempre fue fácil, durante el curso combinaba los estudios con trabajos diversos para ahorrar y poderme pagar estos viajes y ahora me alegro muchísimo de ese esfuerzo. 

Recuerdo cada una de las libretas utilizadas, hasta podría recordar la pluma o bolígrafo con las que escribía en cada momento. No he perdido este gran hábito y algunas de estas reflexiones pasan a ser un post para este blog. Escribir es un acto terapéutico: te ayuda a ordenar ideas y sentimientos, te serena, te permite ver las cosas con perspectiva y relativizar. ¡Y eso es lo que necesitamos en estos momentos! Nadie se podría haber imaginado lo que estamos viviendo. Muchos de los proyectos que teníamos programados y por los que habíamos trabajado muy duro los hemos tenido que anular y otros agendarlos de nuevo, con la incertidumbre de si realmente serán posibles. La incertidumbre no siempre es una buena compañera de viaje aunque tiene sus ventajas: te hace darte cuenta de que nada es finito, ni para siempre ni seguro. La intranquilidad que en ocasiones te transmite puede convertirse en un motor de cambio, de evaluación personal o de punto de inflexión.

Ahora ya tengo una libreta más, la libreta del confinamiento. He reflexionado mucho: sobre  el trabajo, la importancia de leer e investigar, sobre la bondad, sobre la ternura, sobre los sentimientos que afloran cuando te falta la libertad y la posibilidad de elegir, cuando la información es confusa, cuando no puedes controlar la rabia o el enfado. También sobre la importancia de saber esperar, de confiar. Ojalá que cuando pase todo esto no olvidemos lo vivido, reflexionado y aprendido. Ojalá que sigamos valorando la importancia que tiene dedicar parte de nuestro presupuesto a la investigación y no al armamento, que la gente es más humana de lo que nos pensamos, que la salud está por encima de todo, que nuestros vecinos tienen un nombre y los sanitarios, celadores o limpiadores son los verdaderos héroes de nuestra sociedad. Ojalá que no olvidemos que somos lo que somos por nuestros mayores, padres y abuelos, que ahora tanto necesitamos. Ojalá que nunca volvamos a pensar que no tenemos tiempo para  un abrazo o una llamada.

Parece que en breve podremos salir de casa, hagámoslo con mucha cabeza y seamos responsables de cada una de nuestras acciones personales por el bien de los demás y por nosotros mismos. Pero cuando salgamos: disfrutemos más que nunca, de cada paseo, de cada entrenamiento, de nuestra libertad.

Buen fin de semana a tod@s!

jueves, 23 de abril de 2020

Post del Viernes: ¡No dar nada por supuesto porque NADA parece lo que es!


Sexta semana de aislamiento, algo más serena pero cansada de estar viviendo esta situación...como todos, supongo. Y no tanto por tener que quedarme en casa sino por los continuos cambios y contradicciones que estamos viviendo y aceptando. En mi caso, tengo la sensación de recibir un doble discurso e informaciones imprecisas que lían, cansan y pueden llegar a preocupar mucho más, ¿tan difícil es dejar la política a un lado y pensar más en la ciudadanos?

El aprendizaje de esta semana podría definirse en: No dar nada por supuesto porque NADA parece lo que es. Los medios de comunicación intentan explicar lo que está sucediendo. Según el medio, la información varía poniendo la mirada en un tema u otro. Las contradicciones son continuas: las  compañías de transporte públicos nos recomiendan que no los utilicemos, el gobierno insiste que estemos encerrados en casa pero anuncia que los niños podrán salir a la calle o que parte de la población tiene que ir a trabajar, el sistema democrático por el que lucharon tanto nuestros abuelos ahora se ha olvidado de ellos, no hay tests para los enfermos pero si que los hay para los futbolistas...¡Qué desastre!

Me pregunto si otro tipo de gestión de la crisis podría se posible...y yo creo que sí. Leo la realidad de otros países en la prensa internacional y descubro que no hay ningún país que esté presionando tanto a sus ciudadanos como lo hace España. Además, lo que no me consuela para nada, es que parece que esta opción no está dando los resultados esperados ya que seguimos siendo el segundo país del mundo con más muertos! y encima ¡no sabemos ni contarlos!  ¿Cómo podemos confiar en nuestros representante políticos? Tengo la sensación que nos tratan como niños pequeños con discursos patrióticos o moralizantes. ¡Qué horror sentirse tratada como una idiota! 

Observo y escucho a los que tengo a mi alrededor. Algunos ven esta crisis como una oportunidad de cambio, de transformación. Tienen la sensación que su mundo se haya abierto a nuevas oportunidades y es el momento de cambiar algunos aspectos de su vida. Otros expresan que este confinamiento no tiene nada positivo, sienten que el futuro se ha hecho pequeño, muchos se sienten aislados, saturados y miedosos. Yo intento mantenerme en el primero y pensar que este tiempo es solo una parada, un "retiro" que la vida nos regala para seguir aprendiendo y expandiéndome. En mi vida he hecho diversos retiros de silencio, el más largo de 15 días...experiencias impactantes que tenían un gran motivo y un final. Ahora siento que este "retiro" no elegido debe llevar a su fin...eso es lo que siento. El ser humano muere cuando se para, cuando deja de tener ilusión y esperanza y muchas personas empiezan a sentirse así.

¿Cómo afrontar estos momentos de incertidumbre? Pensar en el hoy y el ahora y no tener miedo se convertirían en las mejores opciones. El miedo confunde, satura, asfixia. En la consulta, antes de esta crisis, había acompañado a muchos adolescente que se sentían "muertos por dentro", desorientados, tristes y atemorizados...Yo intentaba explicarles que debían aprender a vivir con el miedo y la incertidumbre, vivir cada día como si fuese una nueva oportunidad y no como una carga o una prueba insuperable. ..ojalá que todos podamos encarar este periodo desde esta perspectiva.

Ayer, día 23 de abril celebramos de una forma muy diferente el mejor día del año: Sant Jordi. Para mi fue un día triste, quizás uno de los peores de esta cuarentena. ¡Lo que hubiese pagado por poder pasear por las ramblas, recibir la rosa que mi padre me hace llegar hace más de 40 años, recibir el libro y regalar muchos! Intenté celebrarlo, ilusionarme, escuchar los autores por la radio...pero todo fue diferente. El caballero Sant Jordi fue capaz de vencer a un gran dragón ...¿Por qué no lo íbamos a hacer nosotros? Ya queda menos...

¡Buen fin de semana sin miedos para tod@s!


jueves, 16 de abril de 2020

Post de Viernes: MICRO-VIDAS

MICRO-VIDA: 
Dícese de la opción de vivir la vida pensando que esta tiene únicamente 24 horas. 

Y esta es la opción que he tomado para seguir llevando lo mejor posible este encierro forzado. He dejado de contar los días para poder visitar a mi familia y amigos, de pensar si será posible volver al despacho, de viajar para realizar la carrera que tengo en mente o si será posible el próximo proyecto, ya que cada vez que hay un cambio en las fechas algo en mi muere un poquito.

5ª semana en casa y quizás es la que me está costando más... el motivo no es el aburrimiento sino algunas preocupaciones que este coronavirus trae a mi cabeza: pienso en las personas que enferman y en sus familias, pienso en personas que se han ido para siempre, pienso en las personas que deben salir a trabajar, pienso en cómo puede afectar este encierro mentalmente a muchas personas, pienso, pienso...Y el otro motivo que está haciendo que estén siendo días más pesados viene justificado por un cierto enfado hacia nuestros políticos que no dejan de dar informaciones contradictorias, de pensar que la población no tiene criterio o es incapaz de saber qué es bueno para él o para los suyos. ¿Miles de personas están obligadas a ir a trabajar pero los niños deben seguir encerrados en casa? ¿Cientos de personas están forzadas a coger el metro o el autobús pero el resto no podemos salir a pasear 10' o a correr manteniendo la distancia de seguridad? Sé que la situación no es nada fácil de gestionar y el tomar decisiones que impliquen la seguridad de tantas personas es una gran responsabilidad...pero ¿no toman decisiones dificilísimas los sanitarios o los autónomos que tienen que decidir cerrar su empresa? La sociedad está demostrando un comportamiento ejemplar desde hace 5 semanas y creo que falta confianza hacia ella. Me enfado y me revelo dentro de casa, por ahora puedo hacer poco más.

Quizás gracias a este confinamiento aprenderemos que realmente la vida es finita...cómo si tuviese únicamente 24 horas. La vida nos ha dado a todos un buen revés...y todos aquellos que estamos bien de salud debemos dar gracias por ello. Algunas cosas nos llevaremos de este confinamiento, seguro, aprendizajes y constataciones que quizás nunca hubiésemos hecho si no hubiese pasado esta situación. En pocos días nos hemos dado cuenta que:

- Creíamos que no podíamos vivir sin futbol y hemos descubierto que no podemos hacerlo sin sanitarios, cajeras o limpiadoras.
- Pensábamos que éramos invencibles y un pequeño bicho, que ni tan solo somos capaces de ver, tocar o oler ha parado todo un planeta.
- La información que recibimos la interpretamos según nuestras necesidades y deseos.
- Se ha hecho más evidente que nunca la vulnerabilidad de muchos colectivos.
- Tener aficiones hace que el confinamiento sea menos duro.
- El teletrabajo no siempre es la mejor opción para desarrollar ideas y proyectos.
- Educar es mucho más que transmitir contenidos.
- El encierro es mucho más fácil con dinero y con una casa con jardín.
- Necesitamos el contacto con la gente, mirar a los ojos, conversar.
- La sociedad es mucho más solidaria de los que algunos creían.
- Los miedos paralizan, la esperanza enfortece.
- El mundo sigue y el planeta se recupera gracias a que los humanos estamos encerrados.
- Sin investigación, no hay avance ni curación.
- Cuando salimos al balcón recuperamos  el "ruido social" que algunos echamos de menos.

¿Olvidaremos todo lo que estamos viviendo cuando recuperemos la vida normal? ¿Seremos capaces de vivir de una forma diferente?

Yo por ahora me quedo con mis micro-vidas donde sólo yo puedo decidir qué hacer, qué pensar y qué sentir. Fuerza para tod@s! Yo por aquí caminado, 672km en casa y más cerca de Santiago...
Buen fin de semana!